martes, 29 de abril de 2014

    Salud y desarrollo


La salud, entendida como un "estado completo de bienestar físico, mental y social y no solo como la ausencia de enfermedad" (definición de la Organización Mundial de la Salud), es un elemento básico para el desarrollo de las potencialidades del ser humano, y contribuye de forma decisiva al desarrollo económico y social de los pueblos.
Es difícil que las personas se incorporen de forma
plena a la actividad productiva, participen activamente en los procesos de decisión social, mejoren sus capacidades formativas o incrementen sus potencialidades creativas si permanecen permanentemente amenazadas por el riesgo de caer en la enfermedad. Una situación de pobreza y bajo desarrollo condiciona el mal estado de salud de una persona o colectivo. Por otro lado, una situación de mala salud frena las posibilidades de desarrollo de una persona o comunidad.

Por ello, uno de los pilares fundamentales de los Objetivos de Desarrollo del Milenio es precisamente la lucha por mejorar la salud de las poblaciones más desfavorecidas. El reconocimiento de los organismos internacionales (como Las Naciones Unidas, la Organización Mundial de la Salud y el Banco Mundial) de que los actuales problemas de la salud en el mundo constituyen un obstáculo muy grande para la consecución de un desarrollo más igualitario y sustentable, hace que tres de los Objetivos de Desarrollo del Milenio asumidos en el año 2000 por la comunidad internacional estén directamente relacionados con el tema de la salud:

  • Objetivo 4: Reducir la mortalidad infantil;
  • Objetivo 5: Mejorar la salud materna;
  • Objetivo 6: Combatir el VIH/Sida, el paludismo y otras enfermedades.

Pero, hasta ahora, en general, el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio relacionados con la salud, deja mucho que desear, especialmente en las regiones más empobrecidas del planeta.

Los mayores problemas para alcanzar unas condiciones dignas de salud para todos tienen que ver antes que nada con la pobreza - el acceso a la educación, al agua potable y al saneamiento, a una nutrición suficiente, a un entorno ambiental sano – de ahí que la categoría principal de nuestra análisis sobre la salud en el mundo sea la desigualdad.

Las condiciones de salud de la población infantil es uno de los indicadores más claros de la dramática desigualdad de acceso a la salud que caracteriza el actual sistema. Es sabido que la salud y el bienestar de los niños son esenciales para un futuro sostenible. La perdida de casi 11 millones de niños cada año, además de ser una tragedia para las familias, quita a las comunidades y a las sociedades su recurso muy importante.

Mientras que, en el ámbito global, la mortalidad de niños menores de cinco años ha disminuido de un 1% cada año en las últimas dos décadas, las reducciones de la mortalidad infantil no han sido uniformes. Entre 1990 y 2003, las muertes o bien se han mantenido constantes o bien han aumentado hasta un 24 % en los países menos desarrollados y hasta un 17% en los países en desarrollo. De los 10,8 millones de niños menores de cinco años que mueren anualmente, 10 millones (más que el 92%) viven en países de bajos ingresos. Seis países cuentan con la mitad de todas las muertes infantiles: India, Nigeria, China, Pakistán, República Democrática del Congo y Etiopia.

El 90% de todas las muertes ocurre en tan solo 42 países, 39 de ellos en África SubSahariana. En tres países de esa región, Níger, Sierra Leona y Angola, un niño cada cuatro muere antes de alcanzar los 5 años de edad. A diferencia de los países más ricos, en los que un niño de cada 150 muere antes de cumplir los 5 (Fuente: Global CALT Council). Estos datos son extremamente significativos, no sólo de la actual desigualdad en las condiciones de salud de la población mundial, sino como indicativo de la tendencia general al aumento de la disparidad entre países y regiones del mundo.

En el año 2003 se han cumplido los 25 años de la aprobación de uno de los documentos más importantes para la salud internacional, la declaración de Alma Ata de “Salud para Todos”. Esta declaración fijaba como fecha tope al año 2000 para lograr un nivel de salud que pudiera facilitar a todas las personas del mundo “el llevar una vida social y económicamente activa". La estrategia para lograr esa meta sería poner en práctica la atención primaria de salud generalizada, con énfasis en la participación comunitaria, y el ataque a las raíces de las enfermedades como son la pobreza, el analfabetismo, la desnutrición y las malas condiciones sanitarias.

La declaración fue redactada en su momento por la OMS y UNICEF y firmada por más de 130 ministros de salud, y pedía un nuevo orden económico internacional para beneficiar a los países pobres y en desarrollo y el desvío de recursos financieros desde los armamentos hacia el sector de la salud. Hoy parece increíble pensar que las naciones ricas y las agencias internacionales firmaran una declaración tan radical. Sin embargo, a pesar de las promesas, la Declaración de Alma Ata no ha llegado a la práctica: claramente no se ha logrado la Salud para Todos en el año 2000.

Lamentablemente los datos actuales indican que las promesas contenidas en los Objetivos de Desarrollo del Milenio, mucho menos radicales que la promesa contenida en la Declaración de Alma Ata, probablemente vayan a tener la misma suerte. Es más, desde la Declaración de Alma Ata (1978), se ha sufrido una regresión en el ámbito de la salud en muchas partes del mundo, con consecuencias que se irán desarrollando a lo largo de esta guía.

Sobre todo cabe destacar que los sistemas de salud pública se han ido deteriorando y la extensión de la pobreza, contribuye a poner sobre ellos una presión sin precedentes. El nuevo credo del libre comercio ha provocado y provoca consecuencias severas para la salud, empujando hacia la privatización de los bienes y servicios sociales relacionados con la salud (atención sanitaria, medicamentos, agua etc.) y hacia el deterioro ambiental en aras del crecimiento. Las políticas de liberalización de los mercados del capital y de la producción, además afectan la posibilidad de que el Estado desempeñe un papel de redistribución de las riquezas.

El fracaso de la Declaración de Alma Ata (aunque no haya caducado su validez), es un punto de partida para interpretar la iniciativa de los Objetivos de Desarrollo del Milenio con respecto al tema de la salud.

Resulta evidente que ya no basta con las buenas intenciones y que para solucionar los problemas de salud que obstaculizan el armónico desarrollo del mundo actual, hay que mirar hacia causas más profunda como la pobreza, la desigualdad, la incapacidad de superar el fetiche del crecimiento = desarrollo de los que dibujan las políticas económicas y sanitarias a todos los niveles. Hace falta un nuevo concepto de desarrollo, más participativo, más ecológico y multidimensional.

En este sentido están trabajando movimientos, organizaciones y grupos de la sociedad civil en todo el mundo. En el año 2000 se ha creado el Movimiento Para la Salud de los Pueblos (People’s Health Movement) que aspira a reunir a las voces de los activistas de la salud de todo el mundo para llamar la atención sobre el objetivo de la “Salud para Todos” de la declaración de Alma Ata y para informar y movilizar en este sentido.
Ojalá esta guía pueda ser parte de este proceso.


stephanny lucia foliaco
IX semstres de odontologia

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