Se buscan «pacificadores» para resolver conflictos sanitarios
Más desarrollada en otros ámbitos, la figura del mediador empieza a emerger
en el mundo sanitario. Para algunos expertos, este personaje resulta cada vez
más necesario. Al cambio de actitud de los pacientes, más conscientes de sus
derechos y menos dados a la pasividad, hay que añadir la interculturalidad, el
envejecimiento de la población, la transformación del concepto de salud, el
imparable incremento del coste de la atención, la tendencia a judicializar la
sociedad... El cóctel resultante es un caldo de cultivo perfecto para que surjan
situaciones de tensión. La empatía y las dotes de comunicación no siempre
resultan suficientes; muchas veces es preferible recurrir a una tercera persona
independiente y neutral.
Inmaculada Armadans, del Departamento de Psicología Social de la Universidad
de Barcelona, cree que la práctica de este método de pacificación en otros
medios, como los colegios o las comunidades de vecinos, puede ser de gran ayuda
para los contextos sanitarios, pero no es directamente extrapolable. «Hay
cuestiones muy específicas de este entorno, como ciertos componentes emocionales
o la presión asistencial», asevera.
Esta psicóloga, responsable del capítulo dedicado a la salud del 'Libro
Blanco de la Mediación en Cataluña', cuya elaboración concluirá a finales de
año, es también la primera firmante de un artículo de la revista 'Medicina
Clínica' que refleja cómo debe ser este instrumento en la sanidad.
Dado que se trata de una idea casi sin explotar en hospitales, centros de
salud e instalaciones sociosanitarias, todavía hay muchas preguntas sin
respuesta. ¿Quiénes están llamados a ejercer como mediadores de la sanidad? Hay
dos apuestas: que sean profesionales formados en ese ámbito ya desde la
universidad y cuenten con su propio colegio, o bien que se prepare para
desempeñar esta función a aquellos integrantes de la plantilla de los centros
sanitarios que se ha observado que tienen un perfil más adecuado para ello.
Armadans reconoce que todavía «hay mucho trabajo por hacer», pero puntualiza
que ya hay «algunas experiencias de alto valor cualitativo».
Una de ellas es el programa Medima yor, que se llevó a cabo en 2007 con el
concurso de la Universidad del País Vasco, la Universidad de Barcelona y la
Universidad Ramón Llull (también de la Ciudad Condal) en el marco de una
investigación subvencionada por el Instituto de Mayores y Servicios Sociales
(Imserso). Según los autores de la revisión, esta iniciativa fue diseñada «para
transformar situaciones de conflicto y demostró la utilidad de la mediación como
herramienta para la gestión del conflicto en el ámbito de las personas mayores».
En otras palabras: se creó un clima propicio en el que los problemas se podían
analizar con el sosiego necesario para, posteriormente, negociar las soluciones.
Las relaciones entre los usuarios, los familiares y los profesionales de las
residencias de ancianos no siempre son todo lo fluidas que sería deseable. Por
otro lado, pueden surgir quejas por el servicio prestado, así como malentendidos
que hacen pensar que existen situaciones de malos tratos. Es ahí donde es
preciso acudir al rescate dialogado.
INMIGRACIÓN
El trato con personas de otros países y etnias, que llevan a la espalda su
propio 'cargamento' cultural, es otra de las posibles fuentes de conflicto en el
ámbito sanitario. El programa iniciado en el Hospital del Mar de Barcelona en
2003, dedicado a la mediación intercultural, cuenta con un equipo de cinco
expertos y ha prestado atención a unos 5.000 usuarios en cuestiones muy diversas
relacionadas con la religión, el acompañamiento o la información sobre recursos
sociales y sanitarios disponibles.
Esta amplitud de miras da idea de lo ambiciosos que podrían llegar a ser los
proyectos. Una de las líneas de trabajo prioritarias es la incorporación de
sistemas de pacificación para reducir el número de quejas por posibles casos de
mala praxis que acaban en los tribunales. Tal y como afirma Armadans, «muchas
veces las demandas se admiten a trámite pero luego se comprueba que la causa era
debida a problemas de comunicación». La consecuencia es un alto coste económico
y social. «El desprestigio al médico es irreparable», lamenta la psicóloga.
«Esto se podría evitar con modelos que permitan hablar antes de pleitear»,
agrega.
Pero el concepto de mediación va mucho más allá y quienes apuestan por él
creen que debe convertirse en un método que transforme positivamente todo
aquello que abarca. «Se trata de crear un espacio de diálogo cooperativo entre
personas o grupos para prevenir conflictos, crear puentes que mejoren la
comunicación, gestionar los conflictos, transformar las relaciones existentes,
llegar a acuerdos extrajudiciales y buscar soluciones allá donde el sistema
falla», indican los autores del trabajo que recoge 'Medicina Clínica'.
Pero, ¿por dónde empezar? No se trata de alta tecnología, pero sí de un
sistema que consume recursos humanos y económicos. Armadans estima que hay que
apuntar alto y no hay razón para restringir de antemano su aplicación:
«Idealmente, se debería implantar en cualquier lugar donde haya conflictos de
entendimiento».
stephanny lucia foliaco
stephanny lucia foliaco
¿por dónde empezar? si no es por mejorar la comunicación, gestionar los conflictos, transformar las relaciones existentes, llegar a acuerdos extrajudiciales y buscar soluciones allá donde el sistema falla.
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