CONFLICTOS ARMADOS Y SALUD MENTAL
“Desde 1945 se estiman unas 160 guerras
y conflictos armados en los países en desarrollo, ello ha producido unos 22
millones de muertes y 3 veces más el número de heridos.”
El presente artículo describe algunas
interpretaciones psicológicas que hacen los profesionales que trabajan en
contextos de violencia organizada y conflictos armados. De tal forma que, en la
primera parte se exponen esas interpretaciones y se conjugan con una pequeña
reseña histórica sobre los daños que han dejado las guerras en el ámbito
mundial y las subsecuentes secuelas en la población civil. La segunda parte
revela algunos daños que dejó la represión en Guatemala a lo largo de 34 años
de conflicto armado interno. Para ello, se retoma los datos originados por la
Comisión para el Esclarecimiento Histórico de las Naciones Unidas “CEH” y el informe del Arzobispado de Guatemala a través
del proyecto Recuperación de la Memoria Histórica “REMHI”. La tercera parte
aborda lo psicosocial como alternativa para disminuir y, en el mejor de los
casos, revertir esos impactos negativos sobre la sociedad civil guatemalteca”
Psicología y guerra
La historia de la evolución humana ha
sido marcada por una serie de conflictos bélicos con un denominador común:
“dañar o destruir al enemigo". Sin embargo esa definición de enemigo era
relativamente fácil de reconocer antes de la II Guerra Mundial, puesto que se
consideraba que las guerras eran llevadas a cabo entre dos o más grupos armados
en conflicto.
A medida que han evolucionado y se han sofisticado las guerras en todo el mundo, esa definición de “enemigo” se ha hecho más amplia para algunos o más ambigua para otros, puesto que se ha involucrado a la población civil dentro de las estrategias militares. Lo que queda claro entonces, es que la población civil se ha convertido en un objetivo principal del dominio o exterminio de un grupo o país sobre otro.
Summerfield refuerza el enunciado anterior con números y porcentajes de personas afectadas por situaciones de guerra, es decir, como la población civil ha sido y es blanco de esas acciones militares, siendo así que para la primera guerra mundial el 5 % de las muertes fueron de civiles; en la segunda guerra mundial subió para un 50 % de muertos civiles; en la guerra de los EEUU con Vietnam llega a cifras de hasta un 80 % y en la actualidad el autor estima un 90 % de civiles muertos en situaciones de guerra. También UNICEF informó que entre el periodo de 1986 a 1996 habían dos millones de niños muertos en guerras y ACNUR reporta actualmente 18 millones de refugiados en el mundo, de estos el 90 % corresponden a personas civiles refugiados en países en desarrollo.
Por lo tanto, la ciencia militar o la militarización de la ciencia en sí no ha quedado limitada solo a mejorar los aspectos balísticos propiamente dichos, sino también se ha preocupado por incorporar y manejar los aspectos psicológicos con estrategias claras y precisas sobre la población civil inmersa en conflictos armados y en contextos de violencia organizada. Para ello, ha involucrado a otros científicos en sus estrategias militares, tales como: psicólogos, antropólogos, psiquiatras, etc. De tal forma que al lado de una intervención militar o de violencia organizada están los aspectos de la guerra psicológica.
La manera de cómo se interpretan las experiencias traumáticas vividas durante esos conflictos, depende no solo de las experiencias que tienen los propios profesionales en ese campo, sino también del referencial teórico en que se apoyan. Es por ello que podemos observar que existen diferentes maneras para conceptuar los daños psicológicos en contextos de guerra. Esta diferencia de enfoques también se ve reflejada en la diversidad de programas de asistencia psicológica, implementados en los sobrevivientes de esas experiencias. Siendo así que, para la sicología occidental o de países industrializados, los disturbios emocionales relacionados a traumas de guerra fueron ya reconocidos por más de un siglo, todos ellos con nombres diferentes pero con significados iguales, tal como el corazón del soldado, “shell shock”, neurosis de guerra, etc. Todas estas definiciones que aparentemente significaban lo mismo, es decir un trauma psicológico a causa de haber estado en una situación de guerra, fueron caracterizadas en la nomenclatura diagnóstica de la Asociación Americana de psiquiatría como Trastorno de Estrés Postraumático "TEPT" en 1980.
No obstante, otros profesionales con visiones más psicosociales, describen el sufrimiento causado por las guerras, ya sea debido a las consecuencias de la violencia política represiva, la militarización o los conflictos bélicos, como Trauma Político o Trauma Psicosocial.
Otro término frecuentemente utilizado en los países con conflictos internos es el de Violencia Organizada, Zwi la describe como "la inflicción interhumana de dolor y sufrimiento significante y evitable por un grupo organizado según una estrategia declarada o implícito y/o un sistema de ideas y actitudes". Es por ello, que la experimentación de los traumas vividos en tiempos de paz, tienen efectos diferentes sobre la salud mental de las personas cuando se comparan con aquellos traumas ocurridos en tiempos de guerra o violencia política. Esta diferencia implica que las personas y grupos sociales tengan diversas interpretaciones y respuestas psicológicas. Con lo antes expuesto queda claramente implícito que la guerra tiene un sistema propio de funcionamiento, “La guerra es una institución perfectamente asentada en la mayoría de las culturas contemporáneas. Como cualquier institución, la guerra tiene unos valores e ideas genéricas que la justifican, unas normas que la regulan, unas colectividades que giran en torno a la misma y se encargan de darle vida y unos roles o formas de actuación normalizada, reservados para cada miembro de los grupos que tienen relación con ella, que en los tiempos modernos, son todos los habitantes de los territorios en los cuales se desarrolla”
A medida que han evolucionado y se han sofisticado las guerras en todo el mundo, esa definición de “enemigo” se ha hecho más amplia para algunos o más ambigua para otros, puesto que se ha involucrado a la población civil dentro de las estrategias militares. Lo que queda claro entonces, es que la población civil se ha convertido en un objetivo principal del dominio o exterminio de un grupo o país sobre otro.
Summerfield refuerza el enunciado anterior con números y porcentajes de personas afectadas por situaciones de guerra, es decir, como la población civil ha sido y es blanco de esas acciones militares, siendo así que para la primera guerra mundial el 5 % de las muertes fueron de civiles; en la segunda guerra mundial subió para un 50 % de muertos civiles; en la guerra de los EEUU con Vietnam llega a cifras de hasta un 80 % y en la actualidad el autor estima un 90 % de civiles muertos en situaciones de guerra. También UNICEF informó que entre el periodo de 1986 a 1996 habían dos millones de niños muertos en guerras y ACNUR reporta actualmente 18 millones de refugiados en el mundo, de estos el 90 % corresponden a personas civiles refugiados en países en desarrollo.
Por lo tanto, la ciencia militar o la militarización de la ciencia en sí no ha quedado limitada solo a mejorar los aspectos balísticos propiamente dichos, sino también se ha preocupado por incorporar y manejar los aspectos psicológicos con estrategias claras y precisas sobre la población civil inmersa en conflictos armados y en contextos de violencia organizada. Para ello, ha involucrado a otros científicos en sus estrategias militares, tales como: psicólogos, antropólogos, psiquiatras, etc. De tal forma que al lado de una intervención militar o de violencia organizada están los aspectos de la guerra psicológica.
La manera de cómo se interpretan las experiencias traumáticas vividas durante esos conflictos, depende no solo de las experiencias que tienen los propios profesionales en ese campo, sino también del referencial teórico en que se apoyan. Es por ello que podemos observar que existen diferentes maneras para conceptuar los daños psicológicos en contextos de guerra. Esta diferencia de enfoques también se ve reflejada en la diversidad de programas de asistencia psicológica, implementados en los sobrevivientes de esas experiencias. Siendo así que, para la sicología occidental o de países industrializados, los disturbios emocionales relacionados a traumas de guerra fueron ya reconocidos por más de un siglo, todos ellos con nombres diferentes pero con significados iguales, tal como el corazón del soldado, “shell shock”, neurosis de guerra, etc. Todas estas definiciones que aparentemente significaban lo mismo, es decir un trauma psicológico a causa de haber estado en una situación de guerra, fueron caracterizadas en la nomenclatura diagnóstica de la Asociación Americana de psiquiatría como Trastorno de Estrés Postraumático "TEPT" en 1980.
No obstante, otros profesionales con visiones más psicosociales, describen el sufrimiento causado por las guerras, ya sea debido a las consecuencias de la violencia política represiva, la militarización o los conflictos bélicos, como Trauma Político o Trauma Psicosocial.
Otro término frecuentemente utilizado en los países con conflictos internos es el de Violencia Organizada, Zwi la describe como "la inflicción interhumana de dolor y sufrimiento significante y evitable por un grupo organizado según una estrategia declarada o implícito y/o un sistema de ideas y actitudes". Es por ello, que la experimentación de los traumas vividos en tiempos de paz, tienen efectos diferentes sobre la salud mental de las personas cuando se comparan con aquellos traumas ocurridos en tiempos de guerra o violencia política. Esta diferencia implica que las personas y grupos sociales tengan diversas interpretaciones y respuestas psicológicas. Con lo antes expuesto queda claramente implícito que la guerra tiene un sistema propio de funcionamiento, “La guerra es una institución perfectamente asentada en la mayoría de las culturas contemporáneas. Como cualquier institución, la guerra tiene unos valores e ideas genéricas que la justifican, unas normas que la regulan, unas colectividades que giran en torno a la misma y se encargan de darle vida y unos roles o formas de actuación normalizada, reservados para cada miembro de los grupos que tienen relación con ella, que en los tiempos modernos, son todos los habitantes de los territorios en los cuales se desarrolla”
LILIAN CORTINES

a veces no llegamos a imaginar las repercusiones que pueden generar el conflicto en una persona por mas inocentes que sean.
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